Una mort petita

Cómo de grande puede ser el dolor de una muerte tan pequeña

“Com de gran pot ser el dolor d’una mort tan petita” (Como de grande puede ser el dolor de una muerte tan pequeña”)

Me siento muy agradecida de haber estado en la presentación del libro Una mort petita, con su autora Gemma Balagué, este pasado domingo 6 de octubre en la Ametlla de Mar. Afortunada por haberme hecho eco del dolor con sabiduría que trasluce su experiencia. Gemma nos emociona con sus palabras y no solo habla con el corazón. Conmueve escucharla, y creo que no he sido la única a tenor del movimiento de kleenex y respiraciones contenidas en la sala. Su libro se titula Una muerte pequeña, pero podría llamarse un amor muy grande, porque un amor inmenso es el que nos llega cuando nos comparte el dolor por la muerte de su bebé, Bru, de 20 semanas, que nació para morir.

Un amor inmenso y un dolor profundo

En el último párrafo del libro, después de diferentes agradecimientos, leemos:

«I sobretot, gràcies a tu Bru, que m’has regirat l’existència de dalt a baix i me n’has fet aprendre més. Gràcies per fer-me mare i eixamplar-me el cor fins a dimensions desconegudes»
“Sempre seràs en mi, Bru. Sempre bategarem junts fill meu. T’estimo”
(«Y sobre todo, gracias a ti Bru, que me has revuelto la existencia de arriba abajo y me has hecho aprender más. Gracias por hacerme madre y ensancharme el corazón hasta dimensiones desconocidas». «Siempre serás en mi, Bru. Siempre latiremos juntos, hijo mío. Te quiero».)

En el libro, nos invita generosamente a entrar en su mundo interior y, con enorme valentía, nos permite acompañarla en su duelo. Un duelo consciente, como ella misma dice:

«Però la meua decisió de viure el dol conscientment era ferma i deixava que el dolor m’abracés i m’escanyés amb tota la seua força. A la vegada, començava a sentir les ganes de transformar-lo»
(«Pero mi decisión de vivir el duelo conscientemente era firme y dejaba que el dolor me abrazara y me estrangulara con toda su fuerza. A la vez, empezaba a sentir ganas de transformarlo»)

Reflexionando sobre la muerte y el lenguaje

Gemma pone énfasis en la palabra «perder» y en la importancia del lenguaje para abordar el duelo. Reflexiona:

«Les dones no perdem els fills, els fills es moren. Perdem les claus, la cartera, però no els fills. Si perdo una cosa és culpa meva…”
(«Las mujeres no perdemos los hijos, los hijos se mueren. Perdemos las llaves, la cartera, pero no los hijos. Si pierdo una cosa es culpa mía…”)

El libro tiene el mérito de visibilizar un tabú, el valor de poner voz, gritos y llantos de dolor a lo que siempre ha sido una muerte silenciada. Gemma nos lleva a reflexionar: si uno de cada cuatro embarazos no va adelante, ¿de dónde surge este silencio? ¿De la culpa, la vergüenza, el fracaso…? Como dice Jean Racine, “El dolor que se calla es el más doloroso”.

¿Qué necesita una mamá de brazos vacíos?

Gemma ofrece muchos recursos a partir de su experiencia que pueden ayudar a otras mamás. Destacan los siguientes:

  • Recursos en el momento de la muerte: Ver, tocar, despedirse, tener las huellas de sus manos y pies, el brazalete con su nombre.
  • Recursos durante el proceso de duelo: Ritualizar, utilizar el arte como catalizador del dolor, la creación de una caja de recuerdos.
  • Apoyo emocional: Gemma también nos recuerda la importancia de lo que decimos o no decimos, el impacto de nuestras palabras en momentos de dolor.

Al final, el duelo compartido se transforma en un duelo comunitario. Como ella misma afirma: “Quan t’obres i et despulles emocionalment, la gent respon i t’abraça, i això és el que ens cura” («Cuando te abres y te desnudas emocionalmente, la gente responde y te abraza, y esto es lo que cura»)

Dolors Canal

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